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jueves, 28 de octubre de 2010

¿DÓNDE ESTÁ LA GRANJA?

" A veces hay cosas que quedan dormidas en la memoria y basta un
simple acontecimiento para que despierten".


Hace aproximadamente dos años que un día de regreso a casa vi que habían tirado la valla del colegio, de momento pensé, "algo más falta aquí", de pronto recordé "¡Anda, sí, si también han tirado la granja!". Esto fue el despertador de mi memoria y volví a recordar aquellos maravillosos años que fuimos granjeros.
Cristóbal Lillo, Francisco Javier Ortín, Juan José Reig, Francisco Ganga, Rafael Serrano, Ramón Leal, Fernando Cortés, Alfonso Calderón (hay más pero no me acuerdo, espero que me perdonen) y yo, Javier Hernández.
Lo primero que recordé fue las caras de los pequeños cuando metíamos las palomas en sus cajas y se iban llenos de ilusión como si en ellas llevaran el más preciado de los tesoros (nos sentíamos los reyes magos).
Alimentábamos las gallinas y los pollos que luego se sorteaban en las fechas navideñas. ¡Qué sorteos!, todos en las clases esperando oir por megafonía la voz de D. Pepe, teníamos más ilusión que si se tratara del sorteo de la lotería, parece que lo estoy oyendo: "1ºA, nº 25", y ver salir al pequeño con esa alegría corriendo por el para mostrar su papeleta. A mí un año me tocó un pollo, la verdad es que hacían buenos caldos, comprobé que estaban muy nutridos.
También recuerdo que había un gallo y una gallina ingleses, bastante peleones, por cierto, una codorniz, perdices y tórtolas. Pero del que guardo un grato recuerdo es del pato, era bastante travieso (por decirlo de alguna forna bien sonante), al final resultó ser una pata, lo descubrimos cuando puso un huevo el doble de grande que los de las gallinas (conocimientos de zoología a pie de campo que adquiere uno.
No puedo olvidarme del huerto, estaba junto a la granja. En él se cultivaban diversas hortalizas bien cuidadas y regadas por nuestros compañeros del huerto, Cristóbal Lillo, Francisco Ortín y otros. El abono era proporcionado por los animales de la granja que, bien alimentados, producían el estiércol necesario para ello.
Nos sentimos muy orgullosos cuando salió nuestro artículo en el suplemento del diario Información "La Tiza", pues nuestra experiencia la iban a conocer muchos niños de la provincia e igual se animaban a ponerla en marcha.
Don Pepe era el encargado de la organización, nosotros poníamos todo nuesro empeño en que saliera bien, también contábamos con la ayuda de José el jardinero, que a veces se enfadaba con nosotros, pues naturalmenete éramos unos niños y hacíamos alguna que otra fechoría.
Llegó el momento en que tuvimos que dejar el colegio y aquello siguió. Hicieron un invernadero (¡qué poderío!), y la granja... se la llevó el plan de ordenación por delante, ¿no?Me han dicho que están constuyendo una nueva. Sólo espero que los futuros granjeros puedan disfrutar de ella y vivir las mismas experiencias que vivimos nosotros. ¡Adelante!, la vida sigue y los buenos momentos hay que recordarlos.

Javier Hernández Ferrez

Este artículo fue publicado en el libro "XXV ANIVERSARIO. Colegio APA La Encarnación" 1977-78/2002-03.

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